Para el color nos encanta Pantone, la firma americana con sede en Carlstadt, Nueva Jersey. Y esto no sólo porque nos hace la vida más fácil (que no siempre es así), no porque sea un sistema de identificación, comparación y comunicación genial para preparar los artes finales de cualquier proyecto de artes gráficas, noooo. Pantone nos vuelve locos por la cultura que mueve, lo fácil que se propaga y hasta dónde es capaz de llegar.

Es una evidencia, todo profesional del entorno de marketing, publicidad, diseño y arte conoce en mayor o menor medida las guías de color Pantone, bien porque las utiliza a diario, como es nuestro caso, o porque sabe que es fundamental tenerlo presente para que un proyecto no se convierta en un gran desastre cromático y económico.

Pero no se queda ahí el asunto, el “poder” de Pantone es tal que hay muchas empresas de ámbito nacional o internacional que basan todo el peso de su identidad corporativa en un color concreto de la guía Pantone, un número determinado que, si no se respeta, puede dar al traste campañas millonarias de publicidad. O te ciñes al cien por cien a su color corporativo o te olvidas de diseñar e imprimir nada para ellos, así de simple.

Bien pensado, es muy coherente respetar una de las principales herramientas que nos proporciona la comunicación visual, “el color”, la otra es “la forma”. Porque puede ser la clave para que un proyecto conecte con el público a la vez que mantenga la esencia de la idea original. Es decir, respetar un color exacto y concreto significa aceptar una identidad corporativa bien definida.

Color

Pero esta herramienta, la Pantone Matching System, no siempre facilita el trabajo y el resultado deseado a los profesionales del diseño. Hay clientes que nos piden un color concreto para su marca, incluso antes de desarrollar la idea, un tono de azul que han visto en un catálogo y que les parece el definitivo para empezar a poner cara a su proyecto, y eso, es un gravísimo error. Ya que antes de definir una marca, incluso un nombre para la misma, debemos estudiar y analizar muchos factores tales como: el objetivo, el usuario, el entorno, los mejores y los peores ejemplos de la competencia, el porqué, etc. Conceptos que nos ayudarán a definir la forma y el color que debe tener nuestra futura identidad para obtener el resultado que buscamos.

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Lo dicho, somos unos fans declarados de Pantone, de su “Color of the Year” que se lleva realizando desde hace diez años. De los nombres que dan a cada color tales como Pantone Radiant Orchid, el color del año 2014, basándose en que este tono “ilumina la piel y aporta un brillo saludable tanto a hombres como a mujeres”, o el Pantone Tangerine Tango, color del año 2012, “capaz de atraer todas las miradas de manera provocadora”. Hasta el que se ha llevado el Gran Premio este año, el Pantone Greenery, “un tono refrescante y revitalizan que simboliza los nuevos comienzos”, y oye, nos viene como anillo al dedo, Greenery para Greenside, el mismo año que empieza a rodar con fuerza nuestro proyecto de diseño, creatividad y comunicación. ¿Será una señal?

Así que ya sabéis, el color, bien definido, puede ser la clave del éxito de una buena marca, de una buena identidad, de un buen proyecto.

Green Is The New Thinking!!